lunes, 27 de julio de 2009

ONE EYED DOG (BY SR. FURIOSO)

Era la mañana de un lunes cualquiera, a poco más de eso de las diez y media post meridiam, cuando salido de mi casa repasando mentalmente las tareas del día, avanzaba con aire despreocupado por aquel sendero traicionero, cuando, al doblar un recodo, ahí me encuentro a un niño de unos ocho años colgando de la mano de su presunto abuelo sexagenario con cara de perderasta incurable y reincidente. Ambos parecieron sorprendidos de verme, pero yo llevaba prisa y no hice mayor aprecio, hasta que caí en la cuenta de que era lo que ambos observaban tan decididamente. Y allí estaba, ante ellos, con cara de no haber roto un plato, una cicatriz canina ambulante.
-Abuelo -observaba el niño-, ese perro solo tiene un ojo.
-No te preocupes Charlie -respondió su abuelo-, seguro que es antisemita.

Y joder, que tranquilo se había quedado el puto viejo, pero bueno, yo aquí he venido a hablar del
perro no. Pues bien, la leyenda comienza en una noche lluviosa de mil novecientos noventa y algo... bueno, vamos a ver, esa señora gorda del fondo no para de molestar. No. No tengo ningún jodido documento gráfico del puto perro. Si a alguien le sirve de consuelo, hoy, aquí, estoy única y exclusivamente a petición de mi amigo, el reputado doctor en perrología Victor Von Marraneti, que me pidió que llevara a cabo esta exposición insistentemente, después de presenciar, en persona, obviamente, los milagros y obra del perro tuerto. Con su permiso o sin el, yo prosigo. Ah, sí, ya sé por dónde iba. Ahí estaba la perra sanguinolenta -y no hablo de ninguna de vuestras
madres- con su copiosa camada, entre las pulas y la paja de las cabrás. Lamía a su prole con denuedo postparto, cuando el huraño granjero toma a los cachorros introduciéndolos en un saco
mugriento y posteriormente llevándolos al río, para bueno, divertirse con un ligero genocidio canino antes del almuerzo.

¡Y quiso Dios, que nuestro héroe sobreviviera! Exhausto con los pulmones jóvenes encharcados y
como una calcamonía de a 5 pesetas contra un regodón del río, Roy el perro iconoclasta y postpunk, se aferró a la vida. Dice la leyenda que lo recogieron una pareja de bondadosos progres madrileños, ella más estéril que el África subsahariana y él, notario. Durante su primeros meses fue internado en un duplex en algún lugar siniestro entre Nuevos Ministerios y Puerta de Sol, con reproducciones baratas de Kandinski en las paredes. Y que un buen día lo arrancaron de delante de su plato de dog chaun, para llevarlo a castrar, porque son las cosas que se deben hacer sí se quieren evitar las consabidas tribulaciones con los caseros neo-onanistas de la capital.

Y entonces una luz descendió de los cielos, cegando a los malvados dueños desconsiderados y Roy, emprendió un periplo que dejaría a la Iliada a la altura del betún., pero bueno, como se me está secando la mortadela en el pan, y luego es un por culo de bocadillo, voy a ir abreviando que es gerundio. Nuestro estigmatizado amigo recorrió los puntos cardinales de la piel de toro sólo acompañado de la más ferrea de las voluntades, y que coño, de un calentón tras otro. Por el amor de cualquier perra, medía el sus fuerzas con alimañas, gran daneses y hasta, dicen las malas lenguas, con algún humano desviado. Su pelaje lacerado es el testimonio de lo puta que puede ser la vida, y de lo divertida que puede ser al tiempo cuando te ganas un agujero en el que mojar, que yo creo que es algo que a los humanos se nos ha ido olvidando, amaestrados, como estamos por el “New World Feminaziest Judeo-Masonic All-Stars Order”, que puede que exista, puede que no, pero me lo invento por gracia de mi ojete santo.

Y sin irnos por los Cerros de Úbeda, retomemos el hilo, que ahora viene la segunda parte y es la
más interesante. Los viajes de Roy, parecieran llegar a su final, cuando encontró un nuevo hogar, al norte de Asturica Augusta, en un pueblecito de cuyo nombre no me quiero acordar, donde una familia de buena gente de la de verdad, de la que no se anda con hostias, le puso un comedero y un collar antipulgas, sin querer castrarlo, domarlo, ni amariconarlo, como sería de esperar. ¿ Y diréis, cómo es posible? Pues bien, está gente ya tenía hijos a los que amaestrar, así que nuestro amigo no corría peligro de abducido por el entramado añejo y corrupto que algunos llaman “familia”.

Nunca correr detrás de las ruedas de un coche le sentó también al amigo Roy. Se iba de putas durante semanas enteras, volviendo lleno de llagas y purulencia, a su especial casa de salvación,
dónde le aplicaban curas y jamás le pedían explicación alguna. Yo lo conocí ya de viejo, con grandes calvas en su lomo y un ojo tuerto. Y cualquier persona,
humana o no, que le cruzara la mirada a este lastimero perro no podía dejar de preguntarse “¿Qué coño estoy haciendo con mi vida?” Porque la vida hoy en día es un campo lleno de puertas, y os aseguro que Roy se iba meando en todas y cada una de ellas.

Después de aquella mañana de lunes cualquiera, no volvería a ver a Roy -tampoco sus padres al
niño que iba con el viejo, pero cada uno se jode cuando le toca-, y siempre lo recordaré con un cariño especial. Aquel combatiente que llegaba arrastrándose a duras penas, con la mirada vitrólica y los mocos colgando de su parca nariz, después de estar luchando y follando, follando y luchando, durante tres días seguidos como un campeón, como un cosaco, como un valiente de Kelly, como un auténtico argonauta... a fin de cuentas, como un perro. Él que lo hacía por darle gusto a su chorra, lo hacía por todos nosotros y en cada una de sus escapadas, redimía a la humanidad.

Y vosotros, cabrones, que ni mierda tenéis en las tripas, recordad su nombre, y que si hay un cielo, ahora mismo le estará bombeando la pierna diestra de nuestro Señor.

Nunca comáis mierda sin encontrar placer en ello.

2 comentarios:

  1. Esto era exactamente lo que queríamos. Muchas gracias al Sr. Furioso por su inestimable colaboración a lo largo de todo este blog. La pena es que no nos pudiera acompañar en este periplo europeo, pero que nadie desfallezca, pues estamos preparando una nueva aventura para este invierno-primavera a la FÁBRICA DE LA CERVEZA DISCOVER en Ottweiler Brauerei (Gran Germania).

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  2. ¡Hostía, puta, bendita, coño! El perro de la primera foto es clavao al Roy original, porque sí, mamones, que no me invento una mierda, que el perro existe.
    Y recordando la famosa frase latina: "UVE HACHE ESE", que viene a querer decir, que primero fue el beta, ahora el blue-rey, sacáste un 8´5 en la selectividad, pero eres tan subnormal que te llevas comprando cuatro veces las mismas pelis y todavía te las volverás a bajar a 8gb/s en una campus party de esas de mierda que son festival de la salchicha.

    Bebe discover y descubre el origen de la pelusa del ombligo.

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