domingo, 26 de julio de 2009

LA PLAGE (LE BRUCS – SAINT TROPEZ)

“Napalm, me encanta el olor del napalm por las mañanas”, sobre todo si los que se queman son un grupo de domingueros franceses jugando a la petanca. Y este que este sencillo juego es a Francia, lo que los puticlubs de carretera a España: un vicio nacional. No hay un maldito sitio en todo este país de “tirafresas” en que no se juegue a la maldita petanca. Ya sea en los parques, en las playas, en la boulangerie, en el Intermarché o en el mismísimo Palacio del Elíseo, franceses y francesas sin frenillo, juntan las piernas y ensayan noche y día la jugada mágica que les hará triunfar en las animadas partidas familiares. Tanto es así que incluso uno llega a sospechar que cuando presiden el “tigre” hacen pequeñas pachangas con bolitas de papel higiénico u otras cosas que no se nombran. Por eso los odiamos, porque al mismo tiempo también admiramos que hayan sido un pueblo capaz de mirar a los demás por encima del hombro pensando: Yo aquí con mis bolicas, yo las acerco, tú me las quitas. Frente a la Isla de Gaou nos levantamos prestos y felices, para continuar el viaje, pero no sin antes recorrer los tan divertidos cementerios de medusas donde los niños juegan a urticarse las nalgas y Michael Jackson observa complaciente desde el cielo.

Sin apenas perder tiempo en el McDonalds local, continuamos en dirección Heyres escuchando a los BeachBoys y disfrutando del suave aroma de los olivos y alcornoques de la Route du Dom. Después, el paraíso hecho playa: aguas cálidas y cristalinas, sombrillitas de papel y pequeños bikinis, todo ello con el gusto y regusto del lujo mediterráneo de un anuncio de Martini.

Sin nada más que comentar que el excitante modo que tienen las mozuelas francesas de comerse los polos de hielo tumbadas sobre la arena, el entrar y el salir del agua, y el reposo más absoluto. A la noche, una fiestita en la playa con yates y fuegos artificiales para despedirse de unos perroflautas que entre coches deportivos y pijitas, apunto estuvieron de “perder un ojo” por las intrincadas calles de Saint Tropez.

Con esto y un bizcocho hasta mañana en ocho… días, pues este “jet-lag” que llevamos está justificado y pronto sabréis el por qué. Entretanto, sería para nosotros todo un placer que nuestro compañero Furioso tuviera a bien el rellenar nuestra vaguería playera con el entrañable relato de Cartucho, el perro langreano al que le falta un ojo.


¡¡¡ PASEN Y VEAN!!!


1 comentario:

  1. Petanca, rancios fascismos europeos, un perro tuerto, la vie en rose y al Sarko que le da un achuchón a la patata de tanto empujarle a la Bruni. Esto que a priori nada tiene que ver, efectivamente no tiene que ver una mierda, pero son correlaciones que nos hacen creer lógicas en esta aldea global en que vivimos, y si vivimos en una aldea global, yo pienso coger la "fesoria" y reventar el statu quo, o al menos es de lo que tengo ganas de llevar a cabo antes de hacerme un pajote y desinflarme como un globo de a peseta.
    Tienes un email como el cara chancla de Tom Hanks.

    Kamurr diarrea
    caga y estropea.

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